Voy a trabajar fuera.

Voy a trabajar fuera.

Primera vez que vivo sola, búsqueda de casa, nuevo coche, nuevo idioma y no saber más que freír un huevo.

A veces tienes que salir de tu zona de confort para experimentar las cosas más importantes que pueden pasarte.

Como muchos ya sabréis y sino os lo cuento, el trabajo de tcp muchas veces (o casi siempre) requiere que tengas que moverte de tu casa.  Muchas veces tienes la suerte, o no, de poder trabajar y vivir en la misma ciudad pero en mi caso no fue así.

Cuando me llamaron para decirme que me querían me tuve que desplazar a otro país por lo que implicaba otro idioma, un lugar nuevo, sola y como bien pone en el título sin saber más que freír un huevo.

Me asusté, mejor dicho me acojoné y por poco casi llamo para decir que no iba. Me sobrepasó todo y yo ya sabía que me iba a tener que mudar, no era nada que me llegaba de nuevas y más cuando aplicas a una compañía que tu base es fuera.

Llamé a mi madre llorando, en ese momento era una mezcla de alegría porque estaba haciendo lo que quería y lo había conseguido y de pena porque significaba que me marchaba. Tenía un mes para organizar todo durante el entrenamiento e irme.

No hacía mucho me había comprado un coche, el cual no había conducido y me lo tenía que llevar. Es decir, unos 2400km por carretera porque llevarlo con un Ferri salía por un ojo de la cara y encima en verano. Mis padres me echaron un cable y se ofrecieron a llevarlo ellos y a estar conmigo allí una semana ayudándome a buscar piso a si que también se vino mi hermana y el perro. 

El entrenamiento se hizo duro, tardaba en ir todas las mañanas casi dos horas y luego era todo el día allí más dos horas para volver. Todo era muy estricto, la vestimenta, el maquillaje, los exámenes, las prácticas y estaba realmente cansada física y emocionalmente. 

Llegó el momento y en apenas dos días metí casi todo lo importante en tres maletas y cogí un vuelo, mientras mis padres se hacían todo ese viaje en coche (son unos benditos). Cogimos un Airbnb durante esa semana en la cual yo tenía que volar casi todos los días. La búsqueda de piso fue una odisea, quería un piso para mi, para que cuando mi familia viniera a estar conmigo estuviéramos cómodos. Tenía las expectativas muy altas he de decir y me comí un colín. 

Me recorrí un montón de agencias pero como la yo de aquel entonces no se que pensaba pues decía a todo que no. Lo de las agencias fue también un caos, no era mi idioma, no nos entendíamos y muchas veces veía pisos por internet a los cuales tenía que llamar y al final me colgaban de malas maneras diciéndome “no english, no english”. Además no podía vivir en el centro ya que todo era de pago y tenía que aparcar el coche.

El penúltimo día en el Airbnb, el cual teníamos que dejar y mi familia volvía a casa encontré otro piso una semana más. En las fotos era un pisito bastante mono, ponía que tenía un pequeño jardín y aparcamiento dentro. Cuando llegué el piso era un sótano, con una ventana que no entraba luz y habían hecho como un mini duplex. Es decir, la cama estaba en un descansillo donde había unas escaleras de plástico malo y no podías ni ponerte de pie porque dabas con la cabeza en el techo. (Ya os contaré más sobre la casa y los caseros)

Por falta de tiempo y por precios me quedé a vivir ahí el tiempo que estuve en el país.

Mis padres me ayudaron a llevar mis cosas de un Airbnb a otro y llegó el momento de la verdad, verme allí sola. Cuando se fueron en aquel mini coche de alquiler al aeropuerto lloré, como una enana. Fue duro hacerse la dura por no preocupar a nadie pero me sentía sola, solísima. 

El idioma fue un problema, al principio más en el trabajo que en la vida diaria pero a los pocos meses ya lo tenía bastante dominado he de decir. La cocina era de risa, los primeros meses sólo era comida basura y sándwiches rápidos.  

Cuando me di cuenta todo lo malo había pasado y no era para tanto. Aprendí el idioma, me encantaba conducir (cosa que antes no), no me sentía tan sola, la casa seguía siendo una porquería pero dominaba algo más la cocina. Y disfrutaba de todo absolutamente ya que realmente cuando te vas de casa y sales de la comodidad empiezas a apreciar de verdad las cosas; Cuando vives con tus padres la ropa siempre está lavada y planchada, la comida siempre en la mesa , los platos fregados y sobre todo no tienes que preocuparte de llegar a fin de mes y pagar todas las facturas correspondientes.

Todo eso valió la pena solo por seguir un sueño, el de volar.


 


2 thoughts on “Voy a trabajar fuera.”

  • Gran experiencia, no estoy en el negocio de la aviación perooo siempre es difícil, no solo la primer mudanza, si no cada vez que te alejas más… no quiero imaginar otro idioma.. fracias

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